Derechos Reservados
Jovenes Rios de Bendicion 2008
IGLESIA DE DIOS
"Rios de Bendicion"
 
 

Devocionales Para Toda la Semana


Dia Lunes
Un accidente a 160 kilometros por hora

El auto era un Corvette último modelo, un auto deportivo de lujo. La calle era una de las grandes avenidas de Miami, Florida. El conductor era Francisco del Rey, un joven de quince años de edad. La velocidad del Corvette: 160 kilómetros por hora.

En una intersección, el Corvette chocó con un Chevette, modesto modelo de la Chevrolet. El Chevette se partió en dos, y los tres jóvenes que lo ocupaban murieron en el acto. Los ocupantes del Corvette, Francisco del Rey y su amiga, también de quince años, salieron ilesos. Y la policía, los jueces y la prensa de Miami se preguntaron en coro: ¿A quién hemos de echarle la culpa?

 

 

 

Si bien fórmulas químicas de explosivos militares no se conocen por ser fórmulas secretas, la fórmula de accidentes como éste sí se conoce.

 

Tomemos un auto deportivo de carrera capaz de desenvolverse a 200 kilómetros por hora. Pongamos al volante un mozalbete que recién empieza a manejar. Agreguemos algunas cervezas y unos cigarrillos de marihuana. Ahora coloquemos en el asiento junto al joven una atractiva quinceañera que le dice al chofer: «¡Corre, corre!» Ahí tenemos la fórmula de un accidente fatal.

 

Es extraño que tengamos que preguntarnos: ¿Quién tiene la culpa? Comencemos con un hogar que, posiblemente, carece de disciplina. Añadamos insensatez del conductor sin experiencia. Y cuando le sumamos al proceso una adolescente que se abraza al chofer, diciéndole: «Más, más», esa es toda la fórmula que necesitamos.

 

Sin embargo, accidentes como éste son signos de la época en que vivimos. Todo lo queremos en el momento, quizá porque presentimos que a la humanidad le queda poco tiempo y deseamos que ese instante sea de placer, de orgía. Aunque algo dentro de nosotros nos dice que esta vida no es el todo, que hay un juicio venidero y un Juez eterno a quien tendremos que rendir cuentas, creemos que sorbiendo rápidamente el trago de la vida eliminaremos el juicio final.

 

No obstante, la ley de la cosecha se aplica no sólo a la duración de esta vida, sino que se alarga hasta la eternidad. Todos tendremos que comparecer ante el gran trono blanco del juicio eterno de Dios. Más vale que no nos extrañe que la vida nos imponga, ahora y en la eternidad, las consecuencias de nuestros hechos.

 

Rindamos nuestro corazón a Cristo para que podamos vivir en paz. Busquemos a Dios en humilde arrepentimiento. Jesucristo, que se dio por nosotros en la cruz, sólo espera que lo invitemos a ser nuestro Salvador.




Dia Martes

Salvado por un cordero

Un hombre español andaba de turista en una ciudad de Noruega. Debido a su trasfondo religioso, quiso ver la iglesia principal de la ciudad. Mirando hacia la torre, se sorprendió al ver en lo alto la figura de un cordero. Al preguntar el porqué de esa escultura, le contaron la siguiente historia.

Cuando estaban construyendo la iglesia, uno de los hombres que trabajaba en la torre se resbaló y cayó desde arriba. Sus compañeros lo vieron caer y, horrorizados, corrieron hacia abajo, al nivel de la calle, esperando encontrarlo muerto.

 

Pero ¡cuál no fue su sorpresa y a la vez su gozo al encontrar a su compañero con vida!

¿Qué había sucedido? Un rebaño de ovejas pasaba por la calle en el momento en que él caía, y el golpe fue amortiguado por la manada. Un pequeño corderito recibió casi todo el peso del hombre, y fue aplastado en el accidente. El cordero murió, pero el hombre se salvó. En memoria del corderito, esculpieron su figura en el lugar exacto desde donde el trabajador había caído.

Hay otro Cordero que fue inmolado, pero que rara vez se le ve esculpido como tal. Se trata del Señor Jesucristo. La primera presentación pública que se hizo de Él al mundo fue como cordero. El que hizo la presentación fue Juan el Bautista, y la hizo con las siguientes palabras: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» (Juan 1:29).

¿Por qué no dijo Juan: «Aquí tienen al Hijo de Dios»? ¿Por qué no dijo más bien: «Aquí tienen al Salvador del mundo», o: «Aquí tienen al Rey de gloria»? ¿Por qué lo presentó como el «Cordero de Dios»?

Hay una razón muy importante. Es que Jesús, al igual que el cordero de la antigua Pascua judía, vino a realizar una muerte sustitutiva. Vino a dar su vida para que otros vivieran. Él mismo lo dijo en estas palabras eternas: «El Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).

Nosotros, la raza humana, escogimos el camino del pecado, y estamos condenados a la muerte eterna. Pero Jesús, el Cordero de Dios, recibió sobre sí el golpe de nuestra rebelión. Ese golpe produjo su muerte, y esa muerte fue en sustitución nuestra. Él murió en nuestro lugar.

¿Podremos rechazar al que dio su vida por nosotros? En lugar de rechazarlo, aceptémoslo como nuestro Salvador y decidamos servirle todos los días de nuestra vida.

Cristo desea ser nuestro Salvador. Su muerte merece toda nuestra devoción.



Dia Miercoles

En los momentos de crisis


A fin de rescatar su colección de discos, un hombre se deslizó por el piso de su sala que tenía una inclinación de 45 grados.

Una joven de dieciocho años, resuelta a rescatar su loro que había quedado atrapado, pasó a través de una ventana rota.

Así mismo un joven de veintiséis años, para recuperar la vieja Biblia de la familia, se metió en su apartamento cuando aún temblaba.

 

Todos estos, y muchos más casos, se registraron en el valle de San Fernando, California, después de uno de los fuertes terremotos que sacudió el lugar. «A la gente le gusta correr riesgos —explicó Carl Frederick, psicólogo de la Universidad de California—. Es una manera de hacerle frente a la desgracia.»

El terremoto inicial que sacudió todo el valle de San Fernando fue uno de los más desastrosos que ha sufrido el estado de California. En cuestión de segundos dejó sin hogar a más de quince mil personas, dando como resultado inmensas pérdidas materiales. Y así como en toda gran desgracia colectiva, el espíritu de solidaridad manifiesto, que es uno de los valores humanos más importantes, produjo emocionantes pruebas de consuelo y ayuda mutua. Las autoridades del estado acudieron de inmediato con toda clase de ayuda. Y la fe religiosa de muchos cobró nuevo impulso.

Andrés Rogers, un joven que neciamente entró a buscar sus zapatos en su apartamento derrumbado, dijo: «Dios salvó mi vida del terremoto. No me va a dejar morir ahora.» Otro hombre que desafió la orden policial de no entrar a su edificio fue a buscar una caja de clavos. «Tengo que colgar mis textos bíblicos en mi nuevo apartamento —dijo—. Cristo nunca falla.»

Es interesante ver cómo en los momentos de gran calamidad las víctimas piensan en Dios. Como que la fe se acrecienta en tiempos de angustia. Como que nos es más fácil orar cuando experimentamos la desventura.

Lo cierto es que fue también así en los días de Jesucristo. Haciendo un repaso de los cuatro historiadores de la vida de Jesús, vemos claramente que los que se acercaban a Cristo eran los que habían agotado todo recurso humano.

¿Será que sólo buscamos a Dios en los momentos de crisis? Es triste pensar que sólo nos acercamos a la Divina Majestad cuando estamos en derrota. La fe en Cristo es algo que necesitamos todos los días de la vida. La comunión con Dios debe ser habitual, una costumbre de cada momento.

Si no lo hemos hecho todavía, experimentemos el agrado de tener a Cristo como amigo constante. No esperemos llegar al fracaso para buscar a Dios. Él quiere ser nuestro amigo hoy mismo.


 

Dia Jueves

Saco De Bizcochos

"Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan 4:16).

Lewis Grizzard contó sobre una mujer que solía parar para tomar café, todas las mañanas, en la casa de su padre, en el camino para el trabajo. Su padre siempre hacía bizcochos para ella, pues, no anhelaba que fuese a trabajar con el estómago huero. Un día ella durmió demás y no tendría tiempo para parar en la casa de su padre. Antes de salir de casa ella le telefoneó diciendo que estaba atrasada y no podría pasar a su casa, pero prometió que estaría allá en el día siguiente. Su padre quedó dolido. Cuando se dirigía para el trabajo, ella dobló la esquina próxima a la casa de él, vio una figura que se distinguía en medio del frío y la lluvia. Era su padre. Él a estaba esperando, con un saco en la mano, porque quería saber de que ella tendría sus bizcochos.


Muchas veces, por varios motivos, dejamos de ir a la casa de nuestro Padre. Dormimos demás, estamos cansados, hace mucho calor, el día está lluvioso, tenemos otro compromiso... Pero el Padre siempre nos está esperando. Él nos ama, nos quiere limentar bien, anhela que estemos junto a Él, tiene placer en abrazarnos y proteger, se pondrá muy feliz en hacernos felices.

Cuando dejamos de ir a su casa Él se queda triste. Pero jamás nos abandona. En el camino para el trabajo Él está prójimo para guardarnos. Si lo dejamos para un paseo, Él nos sigue para que nada de mal nos aconteza. Si estamos desanimados, Él nos consola y estimula. Si la prisa del mundo no nos deja tiempo para estar con Él, mismo así nos espera con un saco de bizcochos de bendiciones. Él es amor y, por amor, tiene siempre lo mejor para cada uno de nosotros.

Que jamás nos alejemos de la presencia de nuestro Padre. Él está siempre nos aguardando. Tiene bendiciones maravillosas para nuestra edificación espiritual.

¿tiene usted recibido su saco de bizcochos diariamente?




Dia Viernes

Encuentro con Dios



Leer | Jeremías 24:7



Muchos de nosotros hemos sido bendecidos con amigos íntimos. Imaginemos que nunca pasáramos tiempo juntos, sino que sólo pensáramos y habláramos de lo maravillosas que son esas personas especiales. ¿No sería absurda esa conducta? Pero eso es lo que hacen algunos cristianos. A pesar de saber mucho de Dios y de la Biblia, se privan del compañerismo con el Padre celestial, el mejor amigo que cualquier persona puede tener.


Es posible llenar nuestras vidas con información y actividades espirituales, las cuales son buenas, pero también dejar de tener una relación íntima con el Señor. Hágase un rápido inventario para ver si esto se aplica a usted. ¿Asiste a la iglesia sólo por deber? ¿Al orar utiliza palabras repetitivas, en vez de hablarle a Dios con el corazón? ¿Sirve sólo por un sentido de obligación?

En la Biblia leemos acerca de muchas personas cuyo encuentro personal con Dios fue renovador y transformador. Abraham, Gedeón, Moisés y Pablo son sólo algunos de los que hablaron con Él de manera personal (Gn. 7:4; Jue. 6:12, 14; Ex. 3:2; Hch. 9:3-6). Aunque quizá nosotros no esperamos tener tan dramáticas experiencias hoy, todos los creyentes deben, tener momentos preciosos, íntimos, con Dios; cada vez que abrimos la Biblia y le pedimos al Espíritu Santo que ilumine su significado, podemos saber directamente de nuestro Padre celestial.

La Biblia nos dice: "Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros" (Stg. 4:8). La intimidad con el Señor exige tiempo y resolución. Comience ya dedicando una parte de su día al encuentro con su Amigo.



Dia Sabado

LA IMPORTANCIA DE SENTIRSE AMADO


Era la noche del 26 de abril de 1895. Hacía quince días que lo habían nombrado mayor general del Ejército Libertador de Cuba. José Martí firmó la carta que acababa de escribirles «a Carmen Miyares y sus hijos» y procuró conciliar el sueño. No lo sabía, pero seguramente lo presentía: estaba a escasos veintitrés días de caer herido de muerte en la acción de Dos Ríos, no muy lejos de allí en la misma jurisdicción de Guantánamo. En la carta había dicho:

 

«Yo escribo en mi hamaca, a la luz de una vela de cera, sujeta junto a mis rodillas por una púa clavada en tierra.... Sentía anoche piedad en mis manos, cuando ayudaba a curar a los heridos... esta jornada valiente de ayer cerró una marcha a pie de trece días continuos, por las montañas agrias o ricas de Baracoa, la marcha de los seis hombres que se echaron sin guía, por la tierra ignorada y la noche, a encararse triunfantes contra España.

 

»Éramos treinta cuando abrazamos a José Maceo. Dejamos atrás orden y cariño. No sentíamos ni en el humor ni en el cuerpo la angustiosa fatiga, los pedregales a la cintura, los ríos o los muslos, el día sin comer, la noche en el capote por el hielo de la lluvia, los pies rotos.... Envío del cielo libre un saludo de orgullo por nuestra patria, tan bella en sus hombres como en su naturaleza... No soy inútil ni me he hallado desconocido en nuestros montes; pero poco hace en el mundo quien no se siente amado.» 1

 

De veras es admirable que en esta carta personal José Martí, apóstol de la independencia cubana, dé a entender que lo que siente en el alma y en el cuerpo no son las privaciones físicas, sino la piedad y el amor. Descarta el hambre, el dolor, el frío y la fatiga, mientras que destaca la piedad que administra con las manos al hacer las veces de enfermero, y el amor que devengan sus acciones en favor de su pueblo. En esto Martí se asemeja a San Pablo, apóstol de los gentiles. En su segunda carta a los corintios, Pablo les recuerda las privaciones que ha sufrido —azotes, cárceles, tumultos, trabajos pesados, desvelos y hambre—, y su servicio piadoso, por amor a Dios, en favor de su pueblo. Y así como Martí, lo que estima Pablo es el afecto que sienten por él quienes de veras lo conocen. 2

 

La mejor forma de rendirles homenaje a estos magnos apóstoles de la historia sagrada y universal es seguir su ejemplo. Desestimemos nosotros también las privaciones físicas que nos toquen, y estimemos más bien el amor de los que de veras nos conocen. Aceptemos a Cristo y el incomparable amor que nos mostró mediante su muerte en la cruz por nosotros, y así nos armaremos de un amor compasivo que nos asegurará el afecto de quienes mejor nos conocen en este mundo y en el más allá.

 

1 José Martí, Cartas de José Martí, «A Carmen Miyares y sus hijos» (Cerca de Guantánamo, 26 de abril de 1895), reproducido en A Propósito de José Martí y su obra (Bogotá: Editorial Norma, 1994), pp. 18-19.

2 2Co 6:3—7:16



Dia Domingo

¿Por qué os Afanáis?



Quien se sabe hijo de Dios no debe de tener temor alguno en su vida. Dios conoce mejor nuestras necesidades reales, es mas fuerte que nosotros y es nuestro Padre.


Debemos de hacer como aquel niño que en medio de la tempestad permanecía en sus juegos, mientras que los marineros temían por sus vidas; era el hijo del patrón del barco. Cuando al desembarcar le preguntaron como pudo estar tan tranquilo en medio de aquel mar embravecido, mientras ellos estaban espantados, respondió: ¿temer?, ¡porque si el timón estaba en manos de mi padre!

Cuando tratamos de identificar nuestra voluntad con la voluntad de Dios, el timón de la vida lo lleva Él, que conoce bien el rumbo que nos conduce al puerto seguro.

Cuando el hombre está viviendo según el plan de Dios no tiene necesidad de preocuparse por su vida, ni por su casa, ni por cualquier cosa que le pertenezca.

¡No miremos nuestra propia fe; miremos la fidelidad de Dios! ¡No miremos las circunstancias a nuestro alrededor, sigamos mirando los recursos del Dios infinito! Lo único que debe preocupar al hombre en esta vida es si está trabajando según el plan de Dios, si está haciendo la obra de Dios; y si es así, todo el cuidado de las demás cosas está en las manos de Dios.

"Así que no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal." Mateo 6:28

Hay dos días preciosos en la semana en los cuales y por los cuales nunca me preocupo:

Uno de esos días es Ayer; ayer, con sus penas y dolores, con todas sus faltas, errores y desaciertos, ha pasado para siempre. No puedo deshacer nada de lo que hice, ni anular una sola palabra que pronuncié. Todo lo errado, lamentable y triste de mi vida que en él hay está en las manos del Amor Poderoso de mi Dios.

A excepción de los recuerdos hermosos, dulces y tiernos, que perduran dentro de mi corazón por el día que se fue, no tengo nada que ver con Ayer. ¡Fue mío! ¡Es de Dios!

Y el otro día por el que no me preocupo es Mañana; mañana, con todas sus posibles adversidades, sus cargas, sus peligros, su gran promesa y su comportamiento deficiente, sus fracasos y errores, está tan fuera de mi dominio como Ayer. Es un día que pertenece a Dios. Su sol saldrá con rosado esplendor, o tras una máscara de nubes llorosas, pero saldrá.

Hasta entonces, el mismo Amor y la misma Paciencia que sostuvieron Ayer, sostienen Mañana. A excepción de la estrella de esperanza que fulgura siempre sobre la cumbre de Mañana, y que ilumina con tierna promesa el corazón de Hoy, no tengo ninguna posesión en ese día de gracia que no ha nacido. Todo lo demás está bajo el cuidado seguro del Amor Infinito que es más alto que la estrellas, más vasto que los cielos, más profundo que los mares. ¡Mañana es el día de Dios! ¡Será mío!

Lo que me queda a mí entonces es nada más que un día en la semana, Hoy.

¡Cualquier hombre puede pelear las batallas de Hoy! ¡Cualquier mujer puede llevar las cargas de un solo día! ¡Cualquier hombre puede resistir las tentaciones de Hoy! Oh, amigos, cuando nosotros obstinadamente añadimos las cargas de esas dos eternidades horribles, Ayer y Mañana, cargas que sólo el Dios Todopoderoso puede sostener, es entonces cuando más nos debilitamos.

No es la experiencia de Hoy la que enloquece a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió Ayer y el temor de lo que Mañana nos puede revelar. ¡Estos Días pertenecen a Dios! ¡Dejémoselos a El!

MIL BENDICIONES.................SI ESTO TE EDIFICA BUSCA DE DIOS EL ES EL UNICO CAMINO A SEGUIR.



 

 
 

 

 


 
 



 

 

 
 

 

 

 


 




 

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